LA GARDUÑA. XXVII EL VACÍO
Alfonso Niño, defendiendo la Puerta del Campo XXVII EL VACÍO L a niebla del Pisuerga no era aire, sino una mortaja húmeda que se pegaba a las barbas y enfriaba el acero en aquella temprana mañana de martes, diecinueve de septiembre de mil cuatrocientos sesenta y cuatro. Don Rigoberto de Majarazán —bajo la identidad de Alonso de Sampedro— guiaba a sus hombres por los callejones del barrio de la Costanilla, aprovechando las últimas sombras antes de que el sol terminara de despuntar. Tras haber superado el riguroso control de la Puerta del Campo y pernoctar en la discreta posada de San Martín, el momento de la verdad había llegado. Su objetivo era el Alcázar Viejo de Valladolid, donde creían que se encontraban el rey Enrique IV y el valido Beltrán de la Cueva. Al doblar la última esquina, los tres jinetes flanquearon las empalizadas provisionales y se detuvieron en seco. No había guardias real...