LA GARDUÑA. XXXIV EPÍLOGO

 

 

 

                                                                             Raquel recién parida

XXXIV

EPÍLOGO

 

    

    El calendario marcaba el once de noviembre de mil cuatrocientos sesenta y cuatro, domingo. El treinta de octubre, el llanto limpio de un recién nacido había inundado de júbilo las estancias de la alquería de Tarragoya. Raquel había dado a luz al primogénito de don Rigoberto. El niño sería bautizado con el nombre de Alonso, en honor a don Alonso Fajardo «el Bravo», el mítico vencedor de la batalla de Los Alporchones, quien años atrás había armado caballero a don Rigoberto, sellando su destino con el acero.

    La espadaña de la capilla de la Vera Cruz del castillo de Caravaca doblaba a misa con un tañido que parecía limpiar el aire de las viejas cuitas del camino. El otoño ya doraba las copas de los árboles, pero el sol de la mañana caía con una calidez mansa sobre los muros de piedra.

    La comitiva avanzaba por el reducido templo con una solemnidad contenida. Don Rigoberto de Majarazán caminaba con su jubón de gala, sintiendo el pomo de la espada de Sahagún a un costado. A su siniestra, su esposa sostenía con delicadeza infinita el pequeño bulto envuelto en paños blancos de lino y encaje, entre los que destacaba engarazda la pequeña Cruz de Caravaca que, retocada con la Santa Vera Cruz, le había regalado Beltrán, el tío de su esposo. El infante, que una semana atrás parecía un suspiro propenso a apagarse, respiraba ahora con un compás firme y milagroso, aferrado a la vida que el cielo le había concedido.

    En el altar, bajo la imponente y mística silueta del arca que custodiaba la Santísima y Vera Cruz, aguardaba el vicario don Diego Chacón. Sus vestiduras litúrgicas resplandecían bajo la luz que se filtraba por los ventanales altos.

    Llegado el momento cumbre del rito, el vicario Chacón hizo la señal de la cruz sobre la frente del tierno infante. Don Rigoberto y su esposa se adelantaron hacia la pila bautismal de piedra. El agua bendita, derramada con suavidad sobre la cabeza del niño, selló el sacramento in nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti...

    Fue entonces cuando el vicario tomó al recién nacido entre sus manos. Con un movimiento pausado y reverente, giró hacia el altar y alzó al tierno infante en vilo, ofreciéndolo directamente ante el madero sagrado de la Vera Cruz.

    —¡Contemplad, fieles de Caravaca, el milagro de la vida que brota en la frontera! —proclamó don Diego Chacón, con una voz profunda que reverberó en las bóvedas de la iglesia—. Ante este Santo Leño, donde la sangre del Redentor venció a la muerte, ofrecemos el alma de esta criatura. Que la Santísima Cruz de Caravaca sea su escudo, su guía y su fortaleza en los días de tribulación que se ciernen sobre estos reinos.

    El vicario bajó la mirada hacia el niño, cuyos ojos pequeños parecían reflejar los destellos de las luminarias, y con tono firme concluyó la ceremonia ante los presentes:

    —Yo te bautizo en la tierra, para que seas luz en la milicia del mundo y heredero de la gracia en los cielos. Cuidad de él, don Rigoberto; protegedlo, señora, pues las bendiciones de esta Cruz no se otorgan en vano, sino para forjar hombres que sostengan la justicia cuando el suelo tiemble.

    Don Rigoberto asintió con la cabeza, cruzando una mirada de absoluto alivio y complicidad con su esposa. El marquesado estaba blindado por la ley de los hombres gracias al anexo real, pero en ese instante, bajo el amparo de la Vera Cruz, la estirpe de Majarazán quedaba sellada por una ley mucho más alta y divina.

    Allí, en el castillo, estaba su tío Beltrán, el recio sargento santiaguista de la Vera Cruz, recientemente ascendido a capitán de frontera por méritos propios. Tras la ceremonia, Beltrán, vestido con su sobreveste negra, con la cruz de Santiago en rojo en el pecho, apartó a su sobrino para entregarle las últimas y graves nuevas que acababan de llegar del norte. La presión de la Liga de Burgos había surtido un efecto devastador en la Corte: don Beltrán de la Cueva, el gran valido de Enrique IV, se había visto obligado a abdicar del Maestrazgo de la Orden de Santiago para aplacar la rebelión nobiliaria, quedando despojado de su inmenso poder político como valido. Solo le quedaba el título recientemente concedido de  Duque de Alburquerque.

    A media tarde, durante el camino de regreso a Tarragoya, el silencio envolvió los pasos de la montura de don Rigoberto. El caballero avanzaba al paso, con las riendas sueltas sobre la mano derecha, mientras que con el brazo izquierdo estrechaba firmemente contra su pecho al pequeño Alonso. El recién nacido, envuelto con rigidez en fajas de lino y mantas de lana fina, viajaba completamente embozado bajo la gruesa capa de su padre. De este modo, el torso del jinete actuaba como un escudo natural, amortiguando el rítmico traqueteo del caballo, al tiempo que su calor corporal protegía la frágil vida del gélido viento de noviembre.

    A escasa distancia, le seguía a caballo doña Raquel, flanqueada con orgullo por la familia y algunos del servicio. Mientras contemplaba los campos de su heredad tomada en censo, don Rigoberto de Majarazán concluyó para sí que, estando Beltrán de la Cueva alejado del poder y de la privanza del reino, su propio compromiso y las deudas contraídas en la Corte quedaban por fin absueltos.

    Miró el bulto tibio que dormía bajo su pecho, ajeno a las intrigas que desangraban el reino, y dejó que sus pensamientos fluyeran al compás pausado de los cascos. Había cumplido con creces. Había cruzado tierras enemigas, burlado al poderoso Arzobispo de Toledo, arriesgado el pellejo bajo banderas prestadas. Los señores feudales podían seguir despedazando el reino por ambición, mudando de bando como quien cambia de capa, pero él ya no sería un peón en sus tableros de traición. Su lugar estaba aquí, defendiendo la frontera de Caravaca y labrando el futuro de su estirpe. Aunque sabía que el acero no se oxida fácilmente en el corazón de un caballero.

    Reajustó las riendas con mano firme, alzó la mirada hacia el cielo plomizo de noviembre y pronunció un juramento solemne en la intimidad de su alma:

    —Si bien mi obligación con el valido ha terminado y mi lugar está hoy en estas tierras, mi espada no conocerá la jubilación cuando la Corona peligre. Los hombres poderosos caen y las alianzas se desvanecen como el polvo en el camino, pero los principios de un Majarazán permanecen inmutables. Siempre defenderé a mi rey legítimo y siempre guardaré mi fe ante la Vera Cruz. ¡Vive Dios!

    Espoleó suavemente al caballo, acunando al niño contra su pecho mientras descendía hacia Tarragoya. La paz del hogar le aguardaba bajo el sol poniente de Caravaca.

    Sin embargo, el destino de Castilla seguía fraguándose a golpe de traiciones y, tal como dictaban los vientos de guerra que soplaban desde el norte, no pasaría mucho tiempo sin que don Rigoberto se viera obligado a volver a demostrar su audacia y su valor.

 

 

 

F I N

Comentarios

  1. Lectura interesante que engancha desde el primer capitulo. La historia es muy u teresante y la escritura umpresionante lo recomiendo al 100%

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  2. me han animado mucho el verano esta lectura. Mil gracias a Gregorio, pedazo escritor

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  3. Ha sido muy entretenida y muy interesante te engancha de tal manera que no puedes dejar de leer,me ha encantado amigo Gregorio,😘😘

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  4. Muchas gracias. Me alegra mucho que te haya entretenido su lectura.

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  5. La Garduña me ha enganchado desde el primer capítulo, una novela histórica ágil, amena y muy bien ambientada en Caravaca de la Cruz, frontera de la reconquista.
    Muy recomendable, enhorabuena Gregorio ha sido un orgullo leer tu trabajo.

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  6. Enhorabuena me ha encantado.Todo lo que escribes me encanta.

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  7. Me ha gustado mucho.
    Gracias por dejarnos disfrutar .

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    1. Gracias a ti. Me alegra que hayas disfrutado con su lectura.

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  8. La Garduña me ha gustado mucho. Deseando tenerla en papel.

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    1. Te agradezco mucho tu comentario, Gonzalo. Aunque esta vez tu personaje tiene menos peso que en SOEZ COSA ES UN CLAVO, su presencia como un caballero santiaguista que vive la tensión de la Caravaca de 1464, atreviéndose a desafiar al todopoderoso don Pedro Fajardo, cobra un especial protagonismo. Un pequeño homenaje a nuestra vieja amistad que espero que hayas disfrutado.

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  9. Muy interesante y mágnificamente escrita y descrita esta historia de Don Rigoberto en los años convulsos de la reconquista.
    Te mete completamente en aquellos escenarios con una descripción tan minuciosa de castillos, mesones, caminos, , tugurios... personajes nobles, villanos, traidores, soeces, generosos y ambiciosos.
    Toda la sociedad de tiempos en que la traición y la cuchillada convivían con la nobleza y la valentía.
    He tenido que buscar muchas de las palabras utilizadas en el relato. Palabras muy específicas de la época, lo que me ha aportado todavía más valor a la lectura.
    Estupenda novela, Gregorio. Eres un estupendo narrador. Enhorabuena
    Conchita Marín

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    1. Estimada Conchita, quiero agradecerte de corazón el tiempo que le has dedicado a la lectura de mi novela. Tus comentarios y observaciones han sido un impulso muy valioso en todo el proceso de escritura. Me alegra muchísimo saber que puedo contarte entre mis mejores lectoras.

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  10. Querido Gregorio, muchas gracias por regalarnos horas de intriga y diversión.
    Sigo creyendo que los sentidos del honor y la amistad continúan vivos aún, intactos, como los vive don Rigoberto, por lo que leer novelas en los que esto es central, mantiene viva la llama de la esperanza .
    Más allá de esto, me encanta la construcción de los personajes y he echado de menos más desarrollo en los viajes, que en aquella época debían ser proceloso.

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    1. Muchísimas gracias, Pedro. He tenido que recortar la descripción de los viajes para evitar hacer más larga la novela, porque ello conlleva más páginas y supone que sea más cara la edición de papel. He procurado narrarlos con cierto detalle, aunque no exhaustivos, como hubiera sido ideal..

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  11. Enhorabuena, Gregorio. Después de la publicación de Soez cosa es un clavo has vuelto a adentrarte en la novela histórica, para alegría nuestra, porque con una obra que demuestra tu profundo conocimiento del marco histórico, social, político y económico en estos tiempos del siglo XV, nos has conducido al interior de los personajes, nos has trasladado a los ambientes rurales y urbanos, al mundo del poder, al entramado de relaciones socio-politicas en la encomienda santiaguista de Caravaca. Me ha gustado mucho, y he aprendido mucho con ella y con la vida de los personajes, muchos detalles que desconocía. Además es una novela con una trama que te va enganchado hasta que te atrapa. Está muy bien estructurada.
    Enhorabuena, Gregorio. La volveré a leer de nuevo, porque estas obras es necesario releerlas para sacar todo lo que ofrecen en un sentido literario e histórico, que es mucho. Un abrazo.

    Francisco Jesús Hidalgo

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    1. Muchísimas gracias. Viniendo de ti este comentario es un gran halago. Me alegra muchísimo que la hayas disfrutado.

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  12. Una novela entretenida y muy visual, que permite adentrarse en las posadas, los salones, los usos y las costumbres de la época, los atuendos y la mentalidad entonces existente. Te percibo ya ocupado con la tercera entrega. Enhorabuena Gregorio!

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    1. Muchísimas gracias, Verónica. Me alegra que te haya gustado. Efectivamente, ya está pergeñándose la tercera novela.

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  13. Felicidades Gregorio!!. Me ha encantado esta novela. Ya me gusto mucho "Soez cosa es un clavo", pero con "La Garduña" te has consolidado como un magnifico escritor. He disfrutado con tu precioso recorrido por la historia del Siglo XV y por la geografia de las Castillas.Tus entregas me han enganchado como los capitulos de una buena telenovela. La trama esta magnificamente construida. La descripcion de los personajes es extraordinaria; parece que los estas viendo delante de ti. El recorrido por los campos y ciudades (que muchos me son familiares)te traslada la imaginacion seis siglos atras. Tu prosa es rica y amena. Tu dominio del castellano antiguo es sorprendente.
    Te conocia como excelente jurista pero, sin duda, te superas como escritor. En fin, excelente novela historica. Un honor y mucho orgullo tenerte como amigo. Un fuerte abrazo

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    1. Muchísimas gracias, compañero. Me alegra que hayas disfrutado con su lectura. Un abrazo fortísimo.

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  14. Juan Nuñez
    Gregorio.
    Espectacular.
    Eres un grandioso escritor que hace, al lector, formar parte de la trama.
    Mi mas sincera enhorabuena.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Muchísimas gracias. Lectores como tú, me reconfortan y me animan a seguir escribiendo.

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  15. Enhorabuena Gregorio por La Garduña. Me enganchó desde el principio. Como amante de la Historia y de la Edad Media, los caballeros, los castillos, el honor, el valor, me han hecho devorar cada entrega. Tu dominio del vocabulario de la época, me han hecho tener que buscar bastantes palabras que no conocía. Gracias. Y ya, el hacerme mesonero, me enorgulleció a más no poder. Se me ha hecho corta, pero ya he leído que influyen otras cosas. Gracias por todo lo escrito y a esperar lo siguiente...Menudo escritor tengo por amigo. Un abrazote

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    1. Querido camarada, muchísimas gracias. Me alegra mucho que te haya gustado. Y, lo del mesonero, es un pequeño un detalle, sin duda insignificante, para reconocerte tantos años de amistad.

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  16. María de los Dolores Molina Ponce19 de septiembre de 2026 a las 9:41

    Ha sido una lectura estupenda, una historia muy bien estructurada, con una descripción de los personajes increíble, denotando un gran conocimiento de la época en la que trascurre, y un excelente domino del lenguaje.
    Enhorabuena Gregorio.
    Deseando tenerla en papel y esperando que te decidas a escribir otra.

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    1. Muchas gracias, Lola. Me alegra mucho que te haya gustado. Por tu afición por la lectura, es para mí un gran elogio tu comentario.

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  17. Como alguien que ha visto nacer al noble Don Rigoberto desde el mozalbete pescador de cangrejos de río, no deja de sorprenderme tu capacidad de novelar la historia y el personaje, a la vez. De tu dominio del castellano medieval ya fui testigo, pero aquí lo has profundizado y logras una musicalidad muy agradable. También me he llevado otra sorpresa: el guiño que haces a Chesterton (El hombre que fue jueves) con el papel de Torquemada.
    Y como amenazas con crear la saga de Don Rigoberto, me tendrás entre tus lectores😄😄😄
    Buen libro, Gregorio.

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  18. Muchísimas gracias, Pepe. Me consta que estás entre mis mejores lectores, a la vez que amigo. Espero pronto poder volver a las entregas "majarazaníes", ¡jejejejeje!
    Es una amenaza cariñosa.

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